LA IMAGINACION SOCIOLOGICA MILLS PDF

Ni la vida de un individuo ni la historia de una sociedad pueden entenderse sin entender ambas cosas. Los hombres no poseen la cualidad mental esencial para percibir la interrelacin del hombre y la sociedad, de la biografa y de la historia, del yo y del mundo. An cuando no se sientan consternados. Los hombres advierten con frecuencia que los viejos modos de sentir y de pensar se han ido abajo y que los comienzos ms recientes son ambiguos hasta el punto de producir parlisis moral.

Author:Sharan Zulabar
Country:Barbados
Language:English (Spanish)
Genre:Marketing
Published (Last):17 July 2017
Pages:411
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ISBN:547-2-27324-449-8
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T orner C. Derechos reservados conforme a la ley Fondo de Cultura Econmica Av. Se trata de introducir en cierta cultura el producto!

Pero aun aqu hallamos notables lili leneias, pues la comunicabilidad podr variar en razn de la uni- 11 iniiliil. Debe reconocerse que en las ltimas dcadas m lia ido acentuando un proceso de universalizacin de esta disci plina y que est emergiendo lo que podramos llamar una Socio-! Este libro trata por cierto problema universales, problemas que nifrii de algunos de los dilemas que debe enfrentar la disciplina n l.

I ,a Sociologa ya se ha dicho atraviesa una fase de universa- li acin. Quizs sea posible sintetizar en unos puntos lo scncial del cambio: a En primer lugar, la acentuacin del carc- Icr cientfico de la disciplina con la adopcin de principios bsicos del conocer cientfico en general, aunque con su propia especifi cidad metodolgica; las antiguas controversias sobre el carcter ms filosfico o ms emprico pueden considerarse superadas: na die ya duda de que la Sociologa es una disciplina positiva, en la que la fase emprica se halla indisolublemente unida a la etapa 9 10 P R L OG O terica, siendo una sola y misma cosa del mismo modo que hi ptesis y verificacin constituyen momentos inseparables de todo conocer cientfico.

Anlogamente, es muy difcil, por no decir im posible, encontrar hoy quien defienda el carcter culturalista o espiritualista de la Sociologa en los trminos tan propios del pensamiento alemn de fines del siglo pasado y comienzos del ac tual y que tanta difusin y aceptacin encontr en el mundo de habla hispana.

Hoy en da el problema de las relaciones entre teora e investigacin se plantea en trminos en extremo ms con cretos operacionales, diramos y, por ejemplo, parte de las preocupaciones de Mills versan precisamente sobre la forma ms productiva de entender y llevar a cabo el proceso de verificacin; b El desarrollo de procedimientos de investigacin en extremo ms refinados y poderosos de los que existan en el pasado: mientras en la poca de Durkheim o Simmcl, por ejemplo, el socilogo de ba limitarse a utilizar nicamente datos preexistentes ahora dis pone de tcnicas que han ampliado de manera insospechada sus posibilidades de observacin y de experimentacin en el campo de los hechos sociales.

Las estadsticas oficiales, las obras histri cas, los documentos personales o de otra ndole, constituan antes las nicas fuentes para el investigador. Incluso en antropologa los relatos de viajeros fueron todo el material sobre el que trabajaron los antroplogos clsicos. La observacin sobre el terreno apoyada en el uso de una gran variedad de tcnicas se ha transformado ahora en una prctica habitual del investigador social, y de este modo el alcance de la observacin se est extendiendo cada vez ms, y sectores del comportamiento humano, una vez del todo inaccesibles, pueden ahora ser objeto de un estudio perfectamente ajustado a los ms ortodoxos cnones de la metodologa cientfica.

La experimentacin stricto sensu que siempre pareci vedada al socilogo es ahora posible, por lo menos en ciertas esferas. Este desarrollo ha implicado lo que podramos llamar una creciente tecnificacin de la Sociologa: estandarizacin de procedimientos de investigacin, uso generalizado de determinados instrumentos, rutinizacin de tarcas y carcter colectivo de las mismas; necesidad de invertir considerables recursos para ciertas investigaciones, de contar con equipo material, locales, personal administrativo y tcni co, etc.

Mien tras que en el pasado la regla era el investigador aislado y su biblio teca, en la actualidad lo normal es el Instituto, con su compleja PRLOGO 11 hi, iluxacin humana y material, con una concentracin conside- i,ililc de recursos econmicos, y, tambin, con todas las consecuen-.

Puede decirse que se lia l,vi lo de una fase artesanal a una fase industrial de la investiga- , i. Esto es por supuesto el resultado del creci- iiiiciiIo y expansin de los estudios. En la actualidad el crecimiento de la bibliografa y la enorme expansin de la labor de investigacin, hacen prctica- innilc inasequible la posibilidad de que una sola persona pueda al-.

De ah la nece- IiI. De este modo, y de manera anloga a lo ocurrido en el mipo de la investigacin, la enseanza de la Sociologa requiri tui. De aqu una serie de nuevos problemas de carcter material y especialmente moral, derivantes stos de la particular situacin del socilogo y de las difciles alternativas que se le presentan una vez puesto a intervenir - de una manera u otra en esa misma realidad humana que en el pasado se limitaba a estudiar, a tratar como mero y desintere sado observador; g Un efecto digno de ser notado, derivado de la extrema diferenciacin interna, ha originado otro rasgo caracters tico de la Sociologa actual, rasgo por lo dems ntimamente vincu lado a la naturaleza misma de la disciplina: la tendencia hacia la llamada cooperacin interdisciplinaria, el trabajo en equipo de es pecialistas de diferentes ramas de la Sociologa y de otras ciencias sociales.

Esta cooperacin supone desde luego un proceso previo de espccializacin, y aun cuando slo sea posible en base al uso de un lenguaje comn, de una base compartida de comunicacin, su sentido es justamente el de aprovechar las ventajas de la especia- lizacin, corrigiendo al mismo tiempo su inevitable unilateralidad.

Propsito en extremo difcil de lograr de manera cumplida y que, puede decirse de paso, tiende a reforzar algunos de los rasgos apuntados anteriormente, en particular el aspecto organizativo, el trabajo en equipo, y ms especficamente en comisiones, grupos de trabajo y formas similares, los que se han vuelto hoy una experiencia habitual para el socilogo y el cientfico social en gene ral; li Por ltimo todos estos cambios, que han transformado tan radicalmente a la Sociologa, no podan dejar de influir de manera no menos poderosa sobre el tipo de personalidad requerido al so cilogo en sus nuevos papeles en considerable medida contradic torios el de hombre organizacin, por un lado, y el de erudi to, por el otro.

Se advertir fcilmente que esta profunda transicin no es de ninguna manera peculiar o exclusiva de la Sociologa: por el contrario, corresponde a una tendencia claramente perceptible en toda la ciencia contempornea a la vez que refleja ciertos rasgos esenciales y bien conocidos de la sociedad industrial.

La creciente importancia de la organizacin, con su consecuente burocratiza- cin, impersonalidad del trabajo, fragmentacin de tareas es ob via en el campo de las ciencias de la naturaleza; tambin es inevi table hoy la separacin del sabio con respecto a la propiedad o el control de los instrumentos cientficos que usa: la magnitud de la inversin necesaria para montar un moderno laboratorio rebasa infinitamente las posibilidades individuales y en la mayora de los casos slo resulta asequible al Estado o a las grandes fundaciones PRLOGO El he-.

I I libro de Mills refleja los problemas tericos, prcticos y mo- 1 1 1. Lo hace sobre todo con respecto a la OIuncin norteamericana y esta circunstancia est lejos de limitar ii vnlidcz, pues la Sociologa de ese pas ofrece un caso que es o mu de ser singularmente sintomtico o predictivo del desarrollo de I, disc iplina en los dems pases.

Es en los Estados Unidos, en.. Sociologa en aproximadamente. En el tercer congreso mundial liicie- i,,n su primera aparicin en una actitud claramente propagandstica; en el ingreso siguiente Stresa, 1 9 5 9 , se observaron cambios notables.

La relacin nisa sobre el estado de la Sociologa en aquel pas da cuenta, por ejemplo, de vatios estudios empricos en los que se hace uso de los procedimientos de en- u. En Polonia la Sociologa se halla ,, Altivamente desarrollada y existen frecuentes relaciones entre socilogos norte americanos y de otros pases occidentales y los socilogos polacos. Las tc nicas son las mismas.

Es necesario insistir sobre el luvlm de que el aporte del pensamiento sociolgico clsico la ge ni i. La aguda crtica de Mills al estado actual de la Sociologa en los Estados Unidos debe ser examinada a la luz de las considera ciones que se acaban de formular. Su significado para el desarrollo de la Sociologa en general, y en particular sus implicaciones para Amrica Latina, pueden acaso sintetizarse en tres preguntas. En qu medida las deformaciones que el autor denuncia son inherentes al desarrollo cientfico de la disciplina, es decir a las nuevas condiciones requeridas por el hecho mismo de su expan sin, diferenciacin interna, perfeccionamiento tcnico y deman das de la sociedad industrial?

Y en qu medida, por el contrario, se vinculan a la forma peculiar asumida por la disciplina en el contexto histrico peculiar de la sociedad norteamericana, con su propia tradicin intelectual y con sus rasgos culturales especficos? En qu medida es posible una Sociologa que, manteniendo un carcter cientfico es decir positivo y emprico logre evitar aquellas deformaciones? En qu medida el anlisis de Mills es relevante para la situa cin de la Sociologa en Amrica Latina?

Obsrvese que la pregunta formulada en primer trmino coin cide con otro interrogante, un interrogante angustioso que, en un mbito infinitamente ms vasto, suele formularse en relacin a los modelos de sociedad industrial que nos presentan los dos opuestos casos de la Unin Sovitica y los Estados Unidos: Cu les son los rasgos de la sociedad industrial como tal? Cules son los que tan slo se vinculan con esas dos particulares expresio nes histricas? Tal pregunta, como es obvio, no es nicamente el resultado de una legtima curiosidad cientfica, es tambin o qui zs lo es sobre todo el fruto de una actitud vital: de una actitud decididamente crtica con respecto a ambos modelos histricos.

Si por un lado el desarrollo econmico es necesario y deseable , de qu manera evitar las deformaciones que de acuerdo con nues tros valores afectan aquellas dos expresiones particulares de socie dad desarrollada? ImIi ii11k inos sugerir alguna contestacin a esas tres preguntas. Coi ,i, dudas caben de que el anlisis de Mills apunta certera- ni. Io Hinque no exclusivamente ciertos rasgos de la sociedad Tmese el ejemplo del perfeccionismo mu 11 iiIolgico, y la reduccin de la fase creadora en la actividad.

Pero mientras por un lado nunca deber perderse i. No pa rece haber eluda de que el papel de la organizacin en la actividad ucniilica ii aumentando y que tal proceso es irreversible; en este sentido una posicin aferrada a estructuras pretritas puede resultar inocua o contraproducente. Pero los necesarios cambios organiza tivos pueden llevarse a cabo sin una prdida de la indispensable autonoma del cientfico.

La solucin francesa con su carrera de investigador cientfico, recientemente adoptada tambin en la Ar gentina, y el desarrollo ce los centros universitarios y extra universi tarios dotados de la ms completa autonoma,1 y sobre todo una actitud vigilante por parte de los mismos estudiosos constituyen elementos esenciales a este respecto. Por lo dems, en los mismos Estados Unidos abundan ejemplos de libertad y autonoma inte- ectual y cientfica en el contexto de estructuras burocrticas, y el echo que el apoyo de las fundaciones y de las organizaciones in ternacionales o del Estado puede utilizarse sin menoscabo de aquellos valores esenciales para la tarea cientfica est siendo com probado diariamente en pases tan distintos como Polonia o Yu goslavia cuyos socilogos han utilizado y utilizan el apoyo de fundaciones occidentales , Francia, Inglaterra, Alemania y otras naciones europeas.

Debe reconocerse, sin embargo, que el peligro de deformacin ideolgica que Mills denuncia con tanto vigor constituye una ame naza constante en el campo del conocer social en todas partes y no solamente en los Estados Unidos. No puede decirse, con todo, que las nuevas formas asumidas por la Sociologa en su as pecto terico o en su infraestructura organizativa representen un cambio esencial a este respecto.

Las tendencias especulativas y el iracionalismo filosfico florecido en la estructura tradicional de la universidad en Alemania constituy sin duda uno de los ejem plos ms tpicos de deformacin ideolgica, tal como se hizo pa tente cuando gran parte de la Sociologa alemana precisamente las corrientes ms espiritualistas a lo Freyer se puso desembo zadamente al servicio de la ideologa totalitaria.

Toda la antropo loga social inglesa, florecida en el clima de perfecta libertad aca- 1 En algunos pases de Amrica Latina por ejemplo Brasil , aunque existe un Centro nacional para el desarrollo de la ciencia, nicamente incluye las ciencias naturales. Una clara con A fines del siglo pasado y en el primer n ul o del actual, en Europa y particularmente en Alemania la MiUlna tendencia asumi diferentes rasgos: se apoy en la procla En primer lugar, tras la superacin de la reaccin anti positivista con todo lo bueno y todo lo malo que ella signific os imposible volver a poner la cuestin en aquellos trminos.

Para Mills el problema ni siquiera aparece: la solucin que l propone, y de la que un ejemplo concreto, en el apndice, es la vuelta a la artesana del analista social clsico, a la vinculacin ntima, como parte de la tarea diaria del investigador, entre teora y em pine: una y otra resultado de la imaginacin, del trabajo creador del socilogo.

En esta re-unificacin en un solo individuo de los separados papeles del manipulador de conceptos por un lado y del manipulador de tcnicas por el otro, hallamos uno de los ele mentos esenciales de la solucin propuesta por Mills. Solucin excelente sin duda, mas que slo puede ser entendida plenamente dentro del contexto de la particular situacin norteamericana, como reactivo a la especie de fascinacin que las nuevas tcnicas estn ejerciendo especialmente en la joven generacin de socilo gos, y a sus consecuencias tericas y organizativas, como una necesaria reaccin al formalismo tcnico y al terico, mas no a las innovaciones metodolgicas mismas ni a la formulacin de teoras generales que realmente resulten fecundas para el cono cimiento de la realidad social y no se reduzcan a meros juegos conceptuales.

El empleo de los nuevos procedimientos de investigacin se est extendiendo a todas partes del mundo, y con ellos los corres pondientes cambios en la estructura organizativa del trabajo cien tfico en Sociologa: el problema que debe enfrentarse es cmo evitar las deformaciones del empirismo abstracto, la gran teo ra , el etilos burocrtico. Si la interpretacin anterior no est del todo equivocada, los males que Mills denuncia aunque en parte resultan de tendencias presentes en toda sociedad industrial- son sobre todo la expresin de una particular cultura: la sociedad norteamericana.

Lejos di 11, im iouismo y el formalismo metodolgico yanquis es Slo en contadas universidades se h m im algo de metodologa y tcnica de investigacin. Faltan IihIh. Tan slo en los ltimos tiempos han aparecido.

Mas a la vez no debemos olvidar aquellos elemen- i l, a tradicin intelectual latinoamericana que sin duda nos i iiIhi ,in en una posicin ms favorable que la existente en el pas ,. Lund- i i In ventilacin social, publicado por el Fondo de Cultura Econmica, y , Young, publicado por el Instituto de Investigaciones So l ii. Paradjicamente, los latinoamericanos. El poco afortunado y del todo inexacto libro il i,,,t ni sobre este tema Achaques y manas de la sociologa contempornea,.

Si la Sociologa latinoameri cana sabe aprovechar estos elementos valiosos y a la vez utilizar los extraordinarios avances realizados en las ltimas dcadas, recu perando el retraso en que se encuentra, podr acaso lograr aquella sntesis feliz que conserve los valores de la gran tradicin clsica de la que Mills es sin duda un ejemplo con los nuevos insos pechados horizontes que los desarrollos recientes de nuestra disci plina han logrado conquistar. Medina Echavarra en un libro publicado hace 20 aos Sociologa: teora y tcnica, Mxico, hondo de Cultura Econmica, 1 9 4 2 , pero que posee extraordinaria actualidad, realizo un anlisis total de las condiciones y posibili dades de esa sntesis.

Les estoy muy agradecido a l y a los siguientes miem Khl, Poul Vl. I I i upitulo primero, La promesa, con otras pequeas seccio- ii, , , , rule libro, fue presentado en forma abreviada a la American I.. Mi, ,i Science Association en septiembre de en St. De una manera fiHiMiil. Algunos pasajes ,1. Slo deseara disponer I. Stuart Hugues, I I.

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